Cambios prolongados de humor
Más de dos semanas de tristeza, irritabilidad o apatía que interfieren con estudios, amistades o sueño.
La adolescencia no es un problema a resolver: es una etapa a acompañar. Esta guía reúne señales de alerta, formas de conversar y criterios claros para saber cuándo pedir ayuda profesional. Sin culpa, sin fórmulas mágicas.
Más de dos semanas de tristeza, irritabilidad o apatía que interfieren con estudios, amistades o sueño.
Deja de ver a sus amigos habituales, evita actividades que antes disfrutaba y no las sustituye por otras.
Dormir mucho más o mucho menos, cambios claros en el apetito o el peso sin causa médica.
Notas o motivación que bajan de golpe, incapacidad para concentrarse, faltas repetidas.
"Soy una carga", "no sirvo para nada" o menciones a la muerte y autolesión: nunca son "cosas de la edad".
Cuando el móvil sustituye el contacto real y aparece ansiedad si se aleja de él más de unas horas.
No hace falta que aciertes con las palabras perfectas: hace falta que tu adolescente sepa que puede acudir a ti sin ser juzgado. Estas prácticas ayudan.
Un psicólogo especializado en adolescentes no sustituye tu papel: lo complementa. Pedir ayuda pronto no dramatiza, previene.
Cuando las señales anteriores duran más de 3-4 semanas y afectan a la vida diaria.
Cuando aparecen menciones directas o indirectas de autolesión, muerte o desaparecer.
Cuando hay cambios bruscos tras un evento concreto: duelo, ruptura, acoso, cambio de centro.
Cuando en casa la relación se ha bloqueado y toda conversación termina en discusión.
Cuando notas que tú también estás desbordado. Pedir ayuda como padre es cuidar mejor.
Sí. La adolescencia implica construir un espacio propio. Que no te cuente detalles no significa que no confíe: significa que está diferenciándose. Ofrece disponibilidad sin exigirla.
Solo en situaciones de riesgo real y siempre que sea posible con su conocimiento. Espiar de forma habitual rompe la confianza y no previene los problemas: los oculta.
Colegiado, con experiencia específica en la etapa (12-18), que combine espacio individual y familiar, y con el que tu hijo se sienta cómodo desde las primeras sesiones. En Ánimo verificamos ambos criterios.
A partir de los 14 años el adolescente puede tener sesiones individuales. La confidencialidad clínica se respeta salvo riesgo grave. La familia participa en momentos concretos acordados con el terapeuta.
Si tienes dudas concretas o quieres iniciar un proceso, contacta con nosotros y te orientamos sin compromiso.